¿Son más honestas las personas que responden rápidamente a una pregunta?

Siempre que alguien responde a una pregunta, generalmente solo nos fijamos en si la respuesta es sí o no, pero, algunas personas, también se fijan en si la responden rápidamente o, sin embargo, tardan más. ¿Está relacionado este hecho con su sinceridad? ¿Saben realmente de qué están hablando si tardan en responder? ¿Dicen la verdad?

Un nuevo estudio de investigadores de Grenoble Ecole de Management en Francia, encontraron que la velocidad con la que una persona responde a una pregunta puede proporcionar una pista involuntaria sobre la credibilidad de la persona.

Cuando alguien responde lentamente a una pregunta, es probable que la persona que ha preguntado lo vea como que no está siendo sincero. Sin embargo, responder rápidamente, por otro lado, crea la impresión de autenticidad.

Esto se debe a que evaluar la sinceridad de otras personas es una parte omnipresente e importante de las interacciones sociales. Por eso, esta investigación mostró que la velocidad de respuesta es una pista importante en la que las personas basan sus inferencias de sinceridad.

PIENSA RÁPIDO O INVITA A LA DUDA
El Dr. Ziano y el Dr. Deming Wang, autores del estudio, realizaron 14 experimentos con 7.565 participantes de Estados Unidos, Reino Unido y Francia.

Así, en cada experimento, las personas observaron a una persona que respondía a una pregunta en un vídeo, escucharon su respuesta en una grabación de audio o leyeron sobre un intercambio de preguntas y respuestas.

Los tiempos de respuesta iban desde respuestas instantáneas hasta respuestas que llegaron después de una pausa de diez segundos. Luego, los participantes evaluaron la sinceridad de la persona que respondió la pregunta utilizando una escala móvil.

En este sentido, los participantes juzgaron sistemáticamente a las personas que tardaban más en responder como menos sinceras. Además, los resultados no se vieron afectados por si las preguntas eran serias o no. Algunas eran inofensivas, mientras que otras se referían a la comisión de delitos.

La única excepción a la correlación entre el tiempo de respuesta y la autenticidad fue cuando un participante permitió un margen de maniobra adicional basado en circunstancias atenuantes. Por ejemplo, si una persona tardó más en dar una respuesta desagradable o socialmente problemática, como admitir que no le gustaba un pastel que cocinó un amigo, los participantes no consideraron un tiempo de respuesta más largo como un indicador de deshonestidad.

De manera similar, cuando se responde a una pregunta que requiere cierta reflexión, como la necesidad de recordar algo que uno puede o no haber hecho hace mucho tiempo, la credibilidad de quien responde no se ve afectada por responder con lentitud.

Además, el impulso de interpretar el tiempo de respuesta como un marcador de sinceridad resultó ser tan fuerte que los participantes solo pudieron ignorarlo parcialmente cuando se les indicó que lo hicieran.

RESPUESTAS LENTAS EN EL MUNDO COTIDIANO
Este sesgo que revela el estudio puede tener profundas implicaciones en el día a día, puesto que, siempre que las personas interactúan, juzgan la necesidad de los demás. De esta forma, los resultados del estudio se pueden aplicar a una amplia gama de interacciones, desde charlas en el lugar de trabajo hasta discusiones entre pareja y amigos.

En contextos serios, el sesgo en contra de las respuestas lentas puede ser especialmente dañino, por ejemplo, en las audiencias judiciales o en los juicios, ya que las personas tienen la tarea de emitir juicios de sinceridad.

La conclusión es que la velocidad cuenta si queremos que los demás nos crean. Por eso, el estudio muestra que, en general, una respuesta rápida parece percibirse como más sincera, mientras que una respuesta que se retrasa, incluso un par de segundos, puede considerarse como una mentira.