Somos responsables de nuestra vida

Esta afirmación es muy real, aunque no siempre lo sentimos así. Creo que la clave para vivir desde nuestro centro, es ser conscientes de cada decisión que tomamos en el ámbito físico y mental.

Cada persona es única y las decisiones que tomamos en torno a nuestra salud, también deben ser únicas y adaptadas a nuestras necesidades y modos de vida. Esto requiere un esfuerzo por parte de los profesionales de la salud, lo que nos lleva a necesitar conocer quién es el paciente y adaptar los consejos a su estilo de vida.

En la medicina del siglo XXI, lo ideal es que las decisiones sobre la salud se realicen de manera compartida con los profesionales de la salud, lo que da lugar a un tipo de medicina adaptada a cada persona.

Pero yo quiero ir un paso más allá y propongo la “toma de decisiones compartida consciente”, donde no solo las decisiones son compartidas entre el paciente y el profesional, sino que además el paciente comprende y elige de manera consciente un tratamiento e intervención u otro.

Creo que es clave que comprendamos lo que ocurre en nuestro cuerpo y mente y para ello los profesionales de la salud debemos enseñar cómo funcionan las cosas, cómo reacciona el cuerpo, cómo son las enfermedades y las magníficas estrategias del cuerpo humano para volver al equilibrio.

En el ámbito psicológico, considero esencial que mis pacientes comprendan cómo funciona su mente, más allá de creencias, más allá de tipos de personalidad, más allá de bloqueos. Y esto lo consigo adentrándome con ellos en su mente, porque cada mente es única.

Como verás, la clave para tomar decisiones conscientes, está en el auto-conocimiento. Porque si no conocemos qué ocurre dentro de nosotros, no tendremos una buena adherencia al tratamiento o intervención. El conocimiento es la clave.

Trabajar y vivir desde la consciencia, requiere el esfuerzo de introducirse en un mundo único, en el universo particular de cada persona y acompañarle para que comprenda lo que ocurre dentro de sí mismo. Por eso adoro la psicología y por eso me encanta hacer más accesibles los conocimientos que todos los seres humanos deberíamos tener sobre nosotros mismos.

Cuando comenzamos a tomar decisiones conscientes también sobre nuestra salud física y mental, comenzamos a comprender algunas verdades importantes…

Eres un adulto responsable: En ocasiones tengo la sensación de que la sociedad y el sistema sanitario trata a las personas adultas como si fuéramos niños. Y de tanto tratarnos así, en ocasiones olvidamos que somos adultos y de que tenemos la responsabilidad de decidir cómo queremos que sea nuestra vida.

Solemos pensar que el paciente ha perdido el control de su salud y nosotros, como profesionales que somos, debemos tomar esa responsabilidad por él o ella, arrebatando así la autonomía del paciente, nos convertimos en ese padre o madre que toma las riendas de la vida del otro.

Esta actitud paternalista envía la idea al paciente, de que no es capaz de regular su salud y le da a entender que es normal, que no debe preocuparse, que nosotros lo haremos todo por él o ella. Esta manera de orientar la relación no es sana porque arrebata mucho poder y convertimos al otro en un ser pasivo que debe seguir todas nuestras pautas aunque no las comprenda o no se adapten a quién es.

Cuando decidimos vivir y trabajar desde nuestra consciencia, reivindicamos la idea de que la otra persona es agente activo de su salud y que acudir al médico es un paso decisivo de su autonomía. Todos tenemos la necesidad de indicar lo que opinamos y somos capaces de decidir el tratamiento o intervención que mejor se adapta a nuestras necesidades. De este modo el paciente se siente responsable de su salud, siente que tiene el control.

Debes responsabilizarte de tu salud: Cuando tratamos a la otra persona como a un adulto, comenzamos a enviar la idea de que su salud también depende de él o ella, de las decisiones que toma a diario (seguir una dieta más o menos equilibrada, mantener o acabar ciertos hábitos negativos como fumar y beber alcohol, la importancia de descansar, la necesidad de regular sus emociones, etc.).

No debemos olvidar que el paciente está en consulta unos minutos, pero la presencia consciente en su propia vida, ocurre minuto a minuto. De modo que cuando hacemos que la otra persona se haga responsable de su salud, más allá de los fármacos (que tienen la capacidad de desplazar esa responsabilidad), más allá del profesional (que se puede convertir en ese padre o madre que o bien nos arrebata la responsabilidad o bien nos culpa), nos damos cuenta de que mantener nuestra salud es una tarea que debemos hacer a diario y que depende totalmente de cada uno de nosotros.

Puedes tomar tus propias decisiones respecto a tu salud: Cuando asumimos que el paciente es un adulto responsable en torno a su salud, nos damos cuenta de que es totalmente libre de tomar decisiones (nos gusten o no). En ocasiones somos demasiado estrictos con nuestros pacientes, estableciendo criterios que nos costaría mantener a nosotros mismos, por lo que debemos aprender a fluir un poco más con la vida y con cada paciente al que vemos. Con aprender a fluir me refiero a que escuchemos al otro, observemos sus necesidades actuales, escuchemos su sufrimiento y dolor, acompañemos cuando las emociones son muy intensas y adaptemos los tratamientos a cada momento vital de la otra persona.

Parte de este fluir, conlleva saber que los pacientes pueden rechazar algún tratamiento propuesto y no debemos enfadarnos por ello, es buscar una intervención que se adapte a cada paciente en particular, supone anticiparnos a los altibajos propios de la vida y no culpar al otro por no seguir las recomendaciones dadas, tan solo saber que debemos comunicarnos más para aclarar dudas o adaptarnos a lo que necesita el enfermo. Todo esto nos permite respetar las decisiones tomadas por el paciente sin enfadarnos ni frustrarnos en el camino.

Buscar información de diferentes fuentes es positivo porque nos empodera: Una de las cosas que no siempre nos gusta, es que los pacientes busquen segundas opiniones o incluso investiguen terapias complementarias que les pueden ayudar a lidiar con su enfermedad. Creo que esto es algo que los profesionales vivimos como desconfianza o incluso traición, cuando en realidad es la libertad del paciente la que le lleva a buscar más información, lo que sin duda le empodera.

Creo que en el ámbito médico es importante recalcar la idea de terapia complementaria, es decir, que se pueden hallar otras terapias o intervenciones no médicas que el paciente complementa con el tratamiento médico habitual, lo que no debe ser vivido como una traición, sino como una muestra de la libertad en la toma de decisiones que los enfermos del siglo XXI poseemos.

Si nos cerramos completamente a hablar de las terapias complementarias, creamos un muro entre nosotros y los pacientes, la confianza será menor y perderás esa relación adulta que has establecido con el enfermo, poniéndose en peligro la adherencia al tratamiento. Tú decides si deseas acompañar en el camino de la enfermedad y en los senderos de la sanación que tú mismo ofreces y que el paciente puede encontrar por su cuenta.

Me gusta visualizar la relación profesional-paciente, como un sendero que ambas partes recorren juntos. Somos compañeros de viaje, eliminamos las fronteras que nos puedan separar para convertirnos en seres humanos que acompañan temporalmente a otros seres humanos. Si observas tu relación profesional con los enfermos de esta manera, aprenderás muchas cosas de ti mismo y de la naturaleza humana.

Y tú, ¿qué decisiones conscientes tomas a diario para mantenerte sano en mente y cuerpo?

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Mensajes de texto: ¿qué interpretamos cuando los leemos?

¿Alguna vez has puesto en duda tu interpretación de un mensaje de texto, o whatsapp? ¿Has llegado al mismo punto dos veces? ¿Qué tan seguro estás de que lo que lees es la «verdadera» intención del mensaje?
En la prehistoria de la tecnología, cuando el intercambio epistolar nos llevaba a comprar sellos y estampillas de diferentes valores para enviar cartas a diferentes partes del planeta, los mensajes sufrían interpretaciones equivocadas, y tardaban días -o quizá meses- en rectificarse, entre carta y carta. Hablamos de la época de los buzones, las oficina de correos y los carteros.

Los telegramas acortaban los tiempos de espera, pero simplificaban la información. Luego, el fax favoreció aún más inmediatez, a la vez que ampliaba la información del telegrama.

Cuando se inició la era digital, llegaron los emails y todo se volvió más inmediato. Después vinieron los mensajes de texto con el auge de la telefonía móvil, y entonces ya se pudo entrever algunas dificultades en la interpretación de los mensajes.

En la medida que se consolidaron los emails, los mensajes de texto y otras vías (como los tuits), las personas comenzaron a encontrarse con una forma sistematizada de relacionarse, así como con las limitaciones del lenguaje verbal escrito y la falta del lenguaje paraverbal.

El complejo fenómeno de la comunicación: no solo te escucho, te veo
La comunicación humana es un fenómeno compuesto por dos tipos de lenguaje que conviven en simultáneo:

Lenguaje verbal propiamente dicho, compuesto por una estructura sintáctica, gramática y semántica.
Lenguaje no verbal o paraverbal, que compete a la gestualidad general (principalmente del rostro, posturas corporales, movimiento de manos, tonalidad, ritmo y cadencia de la expresión del discurso).
Los estudios de la comunicación en la década de los sesenta que revolucionaron las relaciones entre personas fueron de la mano del antropólogo Bateson y su equipo, quienes postularon que “toda conducta es comunicación”. Esto quiere decir que es imposible no comunicarse. Por lo tanto, los silencios también significan algo en la interacción.

Cuando nuestro interlocutor habla no solo lo estamos escuchando, sino que lo vemos y viceversa, con lo que la comunicación no puede ceñirse únicamente a la palabra, sino que resulta de la sinergia entre el lenguaje verbal y el universo no verbal.

Sin embargo, las formas del lenguaje no solamente pueden expresarse mediante el habla (con sus componentes paraverbales), sino también a través del lenguaje escrito. Allí encontramos una de las principales fuentes de los malos entendidos: la falta de la gestualidad y entonación, los cuales hacen ver la relevancia que tienen los elementos no verbales de la comunicación.

Cuando se redacta una frase, y se le otorga cierta cadencia, no alcanzan los signos de admiración. Lo mismo sucede con la ironía, las bromas, el sarcasmo, los imperativos, las agresiones, el romanticismo y toda una gama interminable de giros modales que sucumben en el lenguaje escrito al no intervenir la gestualidad.

El mundo WhatsApp y la interpretación de mensajes
La tecnología, si bien estructuró la inmediatez comunicativa, también tuvo su cuota de aporte a los malentendidos. Este tipo de fenómeno se observa cuando entramos en el universo WhatsApp: los mensajes escritos, al no tener el investimento paraverbal, muchas frases son leídas de acuerdo a lo que siente o interpreta el receptor.

Cuando leemos un libro, no es el libro que escribió el autor, sino el libro que construye el lector. Somos los lectores quienes poblamos de significados el libro que leemos, la obra de teatro que observamos, la película que miramos. Asimismo, somos nosotros los que hacemos la puntuación, la descripción y significados.

¡Cuántas veces nos pasaron una fotocopia en la secundaria o la universidad -que había sido subrayada por nuestro compañero- y notábamos que esos párrafos que señaló no eran relevantes para nuestra síntesis y por eso subrayábamos otros!

Imprimimos en lo leído o lo visto cómo nos sentimos ese día, qué nos ha ocurrido, qué pensamos, qué queremos, y mucho más. Razón por la cual, es común querer presentar las interpretaciones como hechos. Por ejemplo, cuando leemos un texto, creemos haber captado el sentido que le dio su autor y decimos cosas como: ¡seguro que esto es así!

¿Por qué no se nos ocurre preguntarnos si esa voz que le otorgamos al texto podría ser distinta? Pongamos otro ejemplo: un grupo de alumnos lee un texto. Han llegado a una conclusión y cuando el profesor les pregunta si es factible leerlo con otro tono -y lo hace-, se sorprenden. Entonces, el profesor pregunta: ¿la conclusión sigue siendo la misma? ¿O más bien la respuesta puede variar?

Emoticonos por doquier, pérdida de la retórica verbal y malentendidos
El repertorio de emoticones que ofrecen las mensajerías instantáneas está cada vez más desarrollado en la gestualidad. Por ello, los emoticonos ayudan a interpretar con más precisión el mensaje escrito. Sin embargo, los problemas de comunicación no han cesado y lo cierto es que no en todos los casos los emoticonos son elementos esclarecedores.

El imperio tecnológico ha modificado la comunicación. Los mensajes de texto han creado situaciones de expresión reducidas a lo que en una época fue el telegrama. Se ha perdido mucho de la retórica verbal. Se elucubran y desarrollan diálogos extensísimos por Whatsapp, se mandan imágenes instantáneas que sintetizan descripciones acerca de qué estoy comiendo, qué estoy haciendo, leyendo, mirando…

Por otra parte, el uso de los mensajes escritos, sirven para no enfrentar situaciones, desde decir un “no” a alguna propuesta hasta terminar una pareja. También los comentarios en Instagram o Twitter, o los vídeos de YouTube muestran numerosos casos de agresiones gratuitas enfundadas en cuentas anónimas, que dependen del ánimo de cada individuo.

Es notable ver cómo el intercambio verbal mediante un diálogo, por ejemplo, telefónico, ha quedado afincado en gente que refiere a una generación que hoy tienen 45-50 años en adelante. Las personas de esa generación se reunían en bares cara a cara para decirse cosas, contarse acerca de la vida particular. En cambio, hoy se envían fotos y vídeos ad hoc.

En vista de ello, mucha gente de la generación de la década de los cuarenta o cincuenta ha criticado y resistido notablemente el mundo tecnológico. Afirman rotundamente que los adelantos cibernéticos son un retraso para las relaciones humanas, así como el uso del móvil. La gente de esa generación no se adecúa a los cambios o, mejor dicho, los resisten: pero hay que entender que lo nuevo no es mejor ni peor, sino simplemente diferente.

El visto, el emoticono y la interpretación de los mensajes en redes sociales
Un estudio publicado en la revista Cyber Psychology and Behaviour Journal, afirma que millones de parejas en el mundo han terminado la relación por culpa del Facebook o WhatsApp. Una de las diferencias del WhastApp con el resto de formas mensajes escritos (mensajes por SMS, mail, Twitter o Facebook) es que denuncia al interlocutor al instante.

Por ejemplo, se puede obtener información si la persona está en línea o no, cual fue la última hora en que estuvo conectado. También si la persona “clavó el visto”, es decir, si el mensaje fue leído mas no respondido.

Si bien existe una opción que permite ocultar esa famosa marca azul (double check, en inglés), al activarla no solo desaparece para uno, sino también es invisible para el resto de los contactos. No soy visible si he leído o no el mensaje y si estoy en línea o no, pero tampoco me entero del resto de mis interlocutores. Parece ser, según los expertos, que la mayoría de las personas no desconectan esa aplicación: o sea, es más poderosa la curiosidad por saber que hacen nuestros contactos, que ellos se enteren sobre que hacemos nosotros.

Uno de los conflictos típicos se produce cuando se ha enviado un mensaje y no se responde, a sabiendas que la otra persona lo ha recibido porque se visualiza con claridad por el cambio de color de la marca. También se puede saber si la persona está conectada o no, por ejemplo, en una hora en la que debería estar durmiendo ¿Qué es lo que está haciendo despierta? Esta observación del WhatsApp puede ser el inicio de un efecto arrollador hacia una catástrofe emocional.

Emoticones y texto antes que vídeos
Todas estas ventajas y desventajas comunicativas han dado lugar a multiplicidad de lecturas interpretativas, que a pesar de que existe la opción de grabar o filmarse, la opción escrita es la más utilizada con emoticones que respaldan ciertas frases reduciendo medianamente la confusión. No obstante, hay un visible aumento de la dependencia que genera en jóvenes, el uso excesivo del WhatsApp y cómo esta puede influir en su estabilidad emocional.

Un equipo de la Universidad de Palermo (Buenos Aires) investigó en una población de parejas jóvenes la interpretación de los mensajes tanto que se envían o reciben en mensajería instantánea. Le preguntaron a los encuestados cuántos de ellos, alguna vez, habían tenido conflictos con su pareja a raíz de la comprensión errónea de un mensaje de texto.

El 87 % de los encuestados dijo que tiene o tuvo problemas debido a que el mensaje no te deja saber con exactitud cómo está siendo expresado. La gran diferencia con la comunicación presencial es el cómo, es decir, la gestualidad, la mirada, y tonalidad de manifestar el mensaje.

Lo interesante y paradójico es que a la hora de utilizar una forma de comunicación para resolver el conflicto originado por la mala interpretación de los mensajes, la vía que se utilizó fue la misma que generó el problema: el WhatsApp.

La mayoría de los encuestados, específicamente el 47,9 %, afirmó que por una u otra razón siempre terminaba utilizando el WhatsApp. ¿Las razones? Practicidad. Mientras se discutía se podían hacer otras cosas (multitasking) y solo el 25 % afirmó que siempre solucionaba sus conflictos de pareja personalmente.

Sea como fuere, los mensajes en general están siempre destinados a ser interpretados por los destinatarios. Pero de manera presencial, la sinergia del universo no verbal moldea el contenido de lo que se intenta transmitir. Hay tener presente que la comunicación escrita transmite solo contenido, sin el cómo, que en cierta manera esculpe el significado.

Ahora cabe preguntarnos: ¿qué estamos interpretando en este momento, mientras leemos lo que otro intenta transmitir? ¿Qué tal llevamos la interpretación de mensajes en general?

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Enfrentar la «Pobreza»

La pobreza estructural y el déficit de las cuentas públicas no son sino una fenomenal bomba de relojería que tienen al país y a los gobiernos de rehén, en el empecinamiento por no querer abordar su solución que, como toda solución, comienza por transparentar la verdad.

La pobreza presenta aristas poco conocidas o que se difuminan en las múltiples discusiones en torno a la grieta para hacer que pierdan intensidad o claridad. Lo que gestionan los gobiernos desde el año 2009 es la pobreza en una pauperización política que tiene a los actores políticos cómodos en un sistema clientelar cada vez más perverso.

Tenemos una primera arista que hace al hombre y su inclusión dentro del sistema de generación de trabajo y riqueza. En un país donde la naturaleza mana leche y miel hay 3,3 millones de desocupados sobre una población económicamente activa de 20 millones de personas. El 49,3% trabaja en la informalidad, sin aportes, sin cobertura de riesgos y sin acceso a la seguridad social y la mitad tiene ingresos por debajo de la canasta familiar mínima. La consecuencia de ello es que este amplio segmento de compatriotas se sitúe al margen del sistema del crédito para la vivienda y la compra de bienes y servicios, que deba pagar por ellos precios exorbitantes y que la satisfacción de las necesidades de financiamiento la deba realizar en el marco de la usura.

La segunda arista de la pobreza hace al hombre y su hábitat. El país acumula un déficit de 3,5 millones de viviendas que abarcan a casi 12 millones de compatriotas que carecen de un hogar o, lo que es lo mismo, algo así como 220.000 millones de dólares y una infraestructura urbana que demandará de una inversión en servicios básicos para ese segmento únicamente de 50.000 millones de dólares. Según la encuesta de condiciones de vida de los hogares, realizada en 31 principales conglomerados urbanos del país, más de 10 millones de argentinos (35,4 %) no tienen acceso a la red de gas, casi 9,5 millones (33,3 %) carecen de acceso a la infraestructura de alcantarillado y 2,8 millones (11,4 %) no tienen agua corriente. Además, 4,6 millones (15,3 %) carece de un sistema de saneamiento adecuado en su hogar y, de hecho, 2 millones (7,5 %) carece de baño con descarga de agua. En mucho, el combate contra la pobreza comenzará con planeamiento urbanístico, desarrollo de infraestructura básica, terminación de los barrios y construcción de viviendas procurando nuevos equilibrios allí donde la nación pueda brindar mejores expectativas de progreso que por cierto no es el AMBA y los conglomerados suburbanos de las principales ciudades del país.

La tercera arista de la pobreza refiere a la salud como condición de desarrollo del hombre y la comunidad. Cuesta invertir en salud, pero mucho más le cuesta a una economía las pérdidas y erogaciones que generan una población disminuida por la falta de nutrición adecuada y de un sistema público de salud que la contenga adecuadamente. La salud en la Argentina es a demanda de la población y no bajo programas preventivos o de mejoramiento de las condiciones psicofísicas de corto, mediano y largo plazo, historia clínica unificada, medicina de cabecera, etc. Aún no hemos resuelto las desigualdades que produce el sistema de salud. Si bien la población en su conjunto tiene la posibilidad de acceder a los servicios ofrecidos por el sector público de salud, aún persisten brechas importantes y asignaturas pendientes, especialmente en lo relativo a la calidad del servicio. Por un lado, el gasto total en servicios de atención de la salud supera el 8,5% del PIB, uno de los niveles más elevados de América Latina, por el otro existe una deuda con los sectores vulnerables de la población. Para colmo de males no existe una coordinación en el esfuerzo público y de las obras sociales en beneficio de destinos extraños al sistema que involucran a funcionarios y los principales referentes sindicales. No es extraño que un hospital se inaugure 6 veces, lo que sí es extraño es que tenga la aparatología, servicios y calidad de atención acorde con una dignidad mínima del ser humano. El ejercicio de la medicina se ha vuelto para los facultativos del sector público una actividad de riesgo humano. La salud debe ser un programa público a nivel de política de estado y volcarse decididamente hacia su programación preventiva, con atención temprana, seguimiento por medio de la historia clínica única y la intervención oportuna.

La cuarta arista de la pobreza tiene que ver con los segmentos más jóvenes de la población y su formación educativa para el futuro. Ellos están llamados a ser el capital humano de la nación. El impacto de la infraestructura escolar en los aprendizajes de la educación es significativo, sin embargo, la infraestructura educativa está subinvertida, presenta déficits de mantenimiento, y constituye para el alumnado un enorme desaliento para persistir hasta completar el ciclo formativo. Los principales desafíos que enfrenta el país en materia educativa se sitúan en los extremos del sistema educativo obligatorio. En el nivel inicial aún hay un déficit de cobertura atravesado por profundas desigualdades por nivel socioeconómico, que deriva en que los más pequeños tengan oportunidades educativas muy dispares en una etapa clave del ciclo vital. En el nivel secundario, la mitad de los estudiantes que ingresa no logra terminar; tenemos un serio problema de trayectorias educativas que demarca en los jóvenes recorridos muy difíciles hacia la adultez. La desprotección de la inversión educativa pone en riesgo la posibilidad de alcanzar mejores estándares en los resultados. El compromiso con la educación de calidad plena como política de igualación de oportunidades debiera ser una política pública con nivel de política de estado.

La quinta arista de la pobreza estructural de nuestro país con el hombre y su inclusión en el llamado a construir un país y poder gozar de sus beneficios. Casi la mitad de la población vive con ingresos por debajo de la línea de pobreza (18,5 millones de compatriotas), en tanto que 4,7 millones son directamente indigentes al no poder cubrir las necesidades mínimas elementales. 7 de cada 10 niños que nacen son pobres. De los 8,8 millones de trabajadores en la pasividad, solamente 2,978 hicieron aportes regularmente y 5,080 alcanzaron el beneficio a través de las moratorias. La consecuencia es que la mitad perciba el haber mínimo jubilatorio. La relación entre trabajadores pasivos y trabajadores activos aportantes al sistema solidario de reparto es de 1 a 1,3 cuando tendría que ser de 1 a 3. La diferencia se justifica por el nivel del trabajo informal del 49,3% de la PEA. Percibiendo subsidios hay 12,5 millones de ciudadanos.

La sexta arista de la pobreza tiene que ver con la seguridad ciudadana, donde el Estado está directamente ausente por causa de la complicidad entre la política y el delito organizado. La droga depreda a nuestros niños y no la de alta calidad que se envía a Europa sino la de baja calidad, altísimamente tóxica y mortal como es el paco. La única forma es reinstaurar la presencia del orden y la autoridad en todos los rincones del país, sin reparar en la calidad vulnerable del segmento. También perseguir en forma orgánica el delito organizado, la trata de mujeres y niños y todo tipo de sumisión a un orden violento y no al orden jurídico como modo de relacionamiento.

El Estado cumple mal sus funciones y, en lo fundamental se ha vuelto una tesorería deficitaria que cobra lo que puede y paga cualquier cosa con la ayuda de la máquina de hacer billetes que es la principal generadora de la inflación que es el impuesto que tributan los sectores medios y bajos de la población. Del PBI casi el 60% se destina al gasto público, siendo el Estado el principal tomador de fondos se prevé que en 4% del PBI del 2021, un depredador sistemático de la economía y esterilizador de las condiciones para poder torcer el rumbo de la crisis hacia una economía sustentable.

Este cuadro lamentable tiene una solución que es a través del orden político e institucional. Hay herramientas que nos permitirán torcer el rumbo hacia un crecimiento de la economía basado en la fuerza creadora del sector privado que nos permitirán en lo inmediato generar de 2 a 2,5 millones de puestos de trabajo sobre la capacidad ociosa instalada y revertir la informalidad laboral en trabajo formal mediante la eliminación de los costos improductivos y la reforma de la ley de trabajo dependiente que se focalice en la producción y productividad y el mejoramiento salarial sobre la base de la mayor productividad del sistema e incentivos fiscales asociados a la generación de riqueza y aumento del PBI.

Para enfrentar la pobreza necesitamos también dar muestras de austeridad republicana y dar eficiencia al Estado en el cumplimiento de sus fines específicos, eliminar los gastos improductivos, limitar en el tiempo las subvenciones, promover e incentivar las inversiones y creación de empleo, simplificar los tributos y bajar la participación del Estado a no más del 25% del PBI.

Este pensamiento no pretende abarcar el todo ni caer en un reduccionismo. Lo que persigo es mostrar al ciudadano de a pie que otro país es posible y, que en mucho, depende de nosotros mismos.

Pobreza

El arte de la manipulación: Pequeño Manual K

El arte de la manipulación es un ámbito peligroso muy ligado a las capacidades comunicativas y seductoras de la persona que lo ejerce.
Los grandes manipuladores de todas las épocas se han hecho expertos gracias a sus habilidades con el lenguaje y la seducción, actuando como verdaderos encantadores de serpientes.

Joseph Goebbels fue el Ministro de Propaganda de Adolf Hitler y el verdadero “poder detrás del trono” en el mundo nazi. Se considera el estratega que convirtió a un grupo marginal en un gigantesco movimiento de masas, con las aterradoras consecuencias que todos conocemos.
La cuestionable habilidad de Goebbels fue la manipulación y la identificación de diversos mecanismos de sugestión, que le permitieron implementar tácticas de manipulación muy eficaces.
En la Alemania nazi los ciudadanos terminaron formando parte de un proyecto político patológico, mientras interiormente se sentían portadores de verdades universales.
Tal vez pensarás que eso es historia. Al fin y al cabo, Goebbels murió hace tiempo y los hechos terminaron desenmascarando la locura implícita en el régimen nazi. Pero la realidad demuestra lo contrario.
Los esquemas de manipulación implementados continúan vigentes y siguen siendo usados en la política para capturar la conciencia de los ciudadanos.

El arte de la manipulación
¿Cómo puedes reconocer esas oscuras tácticas?
Repasemos los once principios de la propaganda postulados por Goebbels y así sabrás si coinciden con las prácticas de algunos de los políticos vigentes en la actualidad.

1. Principio de simplificación y del enemigo único: elegir un adversario y recabar en la idea de que éste es la fuente de todo mal. Por ejemplo: “los inmigrantes”, “la derecha” o “la izquierda”.

2. Principio del método de contagio: asociar a todos los contrarios en una misma categoría, desconociendo los matices y poniéndolos en un solo grupo: el del enemigo único. Por ejemplo “los musulmanes” o “los terroristas”.
Esta estrategia se hace posible mediante el uso de las generalizaciones y los extremos.

3. Principio de la transposición: Acusar incisivamente al adversario de los errores o defectos propios. El ladrón llama ladrón a su adversario para que cuando éste responda sea percibido como el clásico “ahogado que patalea”.

4. Principio de la exageración y desfiguración: Convertir cualquier anécdota, por pequeña y banal que sea, en un hecho del que depende la supervivencia de la sociedad. Se busca que cada acto del adversario sea visto como sospechoso y amenazante.

5. Principio de la vulgarización: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, la masa tiene gran facilidad para olvidar” (Goebbels)

6. Principio de orquestación: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.” (Goebbels)

De aquí viene también las famosas frases: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad” y “Miente , miente, miente que algo quedará. Cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”.
Se trata de focalizar la atención de los destinatarios en un mensaje continuo.

7. Principio de renovación: consiste en publicar noticias e ideas que denigren al adversario, en gran cantidad y a gran velocidad. Así el contradictor estará defendiéndose todo el tiempo.
Tan básico y sencillo como la transmisión de un rumor o las críticas.

8. Principio de la verosimilitud: presentar información aparentemente sustentada en fuentes sólidas, pero que en el fondo se tergiversa o se muestra parcialmente.
De lo que se trata es de crear una gran confusión que los ciudadanos tenderán a resolver por la explicación más simple.
“Más vale una mentira que no pueda ser desmentida que una verdad inverosímil”

9. Principio de la silenciación: se trata de no realizar debates sobre temas en los que no se tienen argumentos y, al mismo tiempo, hacer palidecer las noticias que favorecen al adversario.
“Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”

10. Principio de la transfusión: valerse de los mitos o prejuicios nacionales o culturales para despertar un componente visceral que aliente determinadas prácticas políticas. Que las ideas terminen siendo sustentadas por las emociones primitivas.

11. Principio de la unanimidad: convencer a los ciudadanos de que piensan “como todo el mundo”, creando una falsa unanimidad. El deseo instintivo de pertenecer a un grupo hará lo demás.

El esquema de Goebbels y sus seguidores se complementa con líderes carismáticos y eslóganes altamente emocionales y muy simples. También con rituales impactantes en donde el color y el sonido son determinantes.
Todo esto consigue sumergir a los ciudadanos libres en una especie de hipnosis de la que desafortunadamente terminan despertando cuando ya es tarde.

*Cualquier similitud con la realidad, no es mera coincidencia.

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El valor de la amabilidad

Vivimos en un mundo caótico donde todo requiere velocidad. A veces parece que necesitaríamos cuatro brazos para poder hacer todo lo que nos propusimos. El caso es que solo tenemos dos brazos y una mente y ambos necesitamos descansar.
Nuestra mente suele estar sobrecargada y eso nos lleva a sentir que tenemos que escalar una montaña de responsabilidades tan alta como el Everest y con solo ver la ruta que tenemos que hacer nos sentimos exhaustos.
Y cuando el agotamiento nos impide trabajar al ritmo acelerado al que estamos acostumbrados, comenzamos a tratarnos mal, hablamos con desprecio y hasta podemos insultarnos, desapareciendo cualquier rastro de amor por nosotros mismos que podamos haber tenido.
El budismo y la práctica de la atención plena nos dicen que debemos ser amables con nosotros mismos. Y a veces siento que no entendemos lo que implica la bondad, sobre todo cuando debemos dirigirla hacia nosotros mismos.
De hecho, la práctica de la atención plena nos anima a vivir en el presente dejando de lado el juicio y siendo amables con nuestras emociones, pensamientos y con nosotros mismos. Porque la base de la bondad es el amor.
Reflexionando sobre este tema, me he dado cuenta de que la bondad contiene muchas cosas que, si podemos desarrollarlas por separado, fortalecerá la fuerza de la bondad que sentimos por nosotros mismos y por los demás.

Humildad
Esta actitud vital nos recuerda que debemos vivir desde nuestra esencia y nos ayuda a recordar que no somos mejores ni peores que otras personas, simplemente somos únicos. La humildad nos ayuda a entender que estamos en esta vida para aprender, por eso cuando vivimos desde la humildad, las adversidades dejan de ser tan malas y comenzamos a ver los tesoros que guardan en su interior en forma de lecciones.
Tienes mucho que ofrecer al mundo, no te escondas porque cuanto más ayudas y ofreces a los demás, más aprendes y más humilde te vuelves. Sea genuino, no tenga miedo de mostrarse como es.


Todos somos uno

La humildad nos ayuda a verificar que todos estamos conectados y que cada persona es única. Esto fortalece nuestra bondad para ayudar a los demás, para compartir lo que estamos aprendiendo. La humanidad evoluciona colectivamente, por eso es tan importante que compartas tu forma única de ver el mundo. Vivimos en un mundo donde todos estamos conectados, co-creando nuestra realidad.
Cuanto más comparta con los demás lo que sabe y lo que la vida le ha enseñado, más crecerá su amabilidad y cuanto más amable sea con los demás, mejor se tratará a sí mismo, llegando a amarse a sí mismo como siempre debe amarse a sí mismo, incondicionalmente.

Empatía
Esta emoción, junto con la compasión, nos permite conectarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. La empatía nos permite saber qué siente la otra persona y cuando somos empáticos con nosotros mismos, aprendemos a escuchar nuestras emociones y a aceptarlas como parte de la vida.
La empatía crea un mundo más amable y seguro para los demás, un mundo donde no se rechaza la incomodidad, pero se acepta y se abraza su presencia. Y esta es la base de la bondad… Aceptar nuestras emociones, pensamientos, amarnos a nosotros mismos y aceptar a los demás como son.

Compasión
Cuando nos conectamos profundamente con los demás y con nosotros mismos, comenzamos a sentir compasión por todo y por todos. Y eso nos hace sentir una profunda bondad.
La compasión es un deseo profundo de que todos los seres estén libres del sufrimiento (incluyéndonos a nosotros mismos). Para el budismo la compasión es mucho más que una emoción, para ellos es una energía que conecta a todo ser y criatura que vive en el universo. Como verás, cuando hablo de bondad, hablo de la conexión profunda que tenemos con todos los seres, hablo de amor y bondad.
De hecho, en la tradición budista, la compasión se refiere a la bondad amorosa, que no es más que el deseo de que todos los seres sean felices.

Gratitud
Finalmente, uno de los elementos esenciales para vivir con bondad es la gratitud. Porque la gratitud es la llave que abre la puerta a la alegría y la felicidad. Una forma sencilla de fortalecer nuestra gratitud es dar gracias por todo lo que disfrutamos… grande o pequeño.
En tiempos de Covid-19, la gratitud se ha vuelto muy necesaria para vivir en equilibrio. Te recomiendo que empieces agradeciendo las cosas más sencillas como respirar, unir tus latidos, poder caminar, tener tiempo libre para ti, tener luz en tu casa, poder dormir en un lugar seguro o poder contar con personas que te quieren y te ayudan.

Mantenlo simple, ahí es donde se esconde la magia de la vida.

Y así, poco a poco, irás construyendo los pilares esenciales sobre los que se construirá una vida plena donde la bondad sea la protagonista. Y lo mejor de todo es que puede empezar a construirlo hoy mismo.
Al escribir estas palabras, me doy cuenta de que la bondad es una suma de emociones que nos ayudan a conectarnos mejor con otras personas, pero también con nosotros mismos, por eso creo que debemos reivindicar el poder y la importancia de la bondad.

Cultivar tu bondad es simple… Ámate a ti mismo, acéptate y muéstrate al mundo como eres.

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